Parado en la playa pensaba qué le llevaría de regalo como un recuerdo de mi estancia en este lugar. Observaba detenidamente las olas que chocaban con las piedras y pensé en llevarle un libro, o algo semejante que contara algún cuento relacionado con esta playa o con las vacaciones que pasé aquí. Sabía que un libro era algo que podría comprarle en cualquier otro lugar, pero por el momento no se me había ocurrido llevarle otra cosa, no me gusta regalar cosas como llaveros o camisas, ceniceros o portapapeles, eso es para las personas comunes. Llegué a la única librería que existía ahí, y al entrar noté que no había ninguna persona atendiendo. Busqué en las dos divisiones que tenía la librería y no encontré a nadie, ni siquiera a un comprador. Me imaginé que por algún motivo importante tendrían que haber dejado momentáneamente la librería sola, así que me dispuse a buscar algún libro que se viera interesante. Me llevé una desilusión al ver que todos los libros estaban escritos en inglés, y la mayoría de ellos eran best-seller que nada tenían que ver con mi regalo esperado, cualquiera de ellos los podría haber comprado en algún Sanborns de otra ciudad. Estaba a punto de retirarme cuando me asusté al escuchar una voz débil que me preguntó -¿Qué tipo de libro busca?- inmediatamente miré hacía el lugar de donde se suponía venía la voz, pero no pude observar a nadie, así que no contesté, seguí tratando de localizar a la persona que se había dirigido a mi, cuando me volví a llevar otro susto porque repitió la misma pregunta, esta vez con más fuerza:
-¿Qué tipo de libro busca?
-¿Tendrá algún libro en español?- dije sin dejar de buscar, pero fue en vano, no lograba ver a nadie.
-Solamente tengo dos, están en el tercer estante, son los dos únicos libros que se encuentran en ese separador.
–Gracias- contesté.
Fui a buscarlos, más con la intriga de saber quién me hablaba que por saber cuáles libros eran. No fue muy difícil encontrarlos, realmente no sé porqué antes no los había visto si llamaban mucho la atención, ya que era el único estante en el que sólo había dos libros, cuando la capacidad normal de cada uno de ellos era de 30 libros aproximadamente. Cuando los tomé, noté que los dos eran idénticos, tenían un amanecer como imagen en la portada y el título “dormir entre las piedras” que estaba escrito en letras rojas muy pequeñas en la orilla derecha de la portada, no pude relacionar el título con el dibujo de la portada, creo que nunca he tenido mucha imaginación.
Estaba pensando que sólo había dos libros en español en toda la librería y, para colmo, eran iguales, cuando me volví a sobresaltar al escuchar que me decían – ¡no son iguales los dos!- y, después de veinte segundos de estupefacción al ver que me habían adivinado el pensamiento, los comparé de todos los ángulos posibles en el que se observaban los libros y comprobé que eran iguales. Hasta hojee las primeras páginas y en los dos eran las mismas. Estaba a punto de reclamar que eran iguales cuando salió una hombre de unos 56 años de edad, con una camisa cuadrada sin planchar, un pantalón de mezclilla que le quedaba demasiado grande y un par de zapatos converse negros desgastados y mugrosos, con barba pero sin bigote, y calvo, totalmente calvo. No supe de dónde salió, pero le dije que el libro lo quería para regalárselo a alguien, y que tenía la costumbre de leer los libros que iba a regalar, así que me comentó que podía leerlos en la recepción, y así poder decidirme entre uno u otro. Pensé en comentarle, nuevamente, que los dos eran idénticos, pero antes de poder hacerlo me miró con una expresión que trataba de decir: ya te dije antes que no son iguales. Me pareció extraña toda la situación, y estuve a punto de salir de ahí e ir por un llavero o alguna otra cosa rara, pero el señor salió de repente con una taza de café y me dijo –comienza con este libro- al decir esto cogió uno de los dos libros y me lo entregó, yo volví a observar el libro con las pequeñas letras rojas en la esquina, cuando alcé la mirada para decirle que era lo mismo leer uno u otro porque eran iguales el viejo ya no estaba.
Comencé a leer el libro que me dio. Al leer una tercera parte del libro paré un poco para darle un trago al café, observé que había unas galletas en la mesa y después continué con mi lectura. La historia era extraordinaria, trataba temas como la casualidad o el destino, cómo utilizarlos o desperdiciarlos, todo esto en una historia común, sin viajes ni tesoros escondidos, ni genios ni frijoles mágicos, y también me di cuenta que el título y la portada estaban perfectamente relacionados. Al finalizar la lectura me di cuenta que sólo le había dado un sorbo al café y que las galletas ya no estaban, además de que el reloj avanzó tres horas desde que comencé a leer el cuento, así que ya comenzaba a oscurecer. Quedé totalmente convencido que este libro sería un regalo perfecto, y estaba a punto de pararme para comprarlo cuando el viejo, que estaba sentado a un lado de mi, me dio el otro libro, y me dijo que lo leyera para comparar cuál de los dos sería el mejor regalo. No quise entrar en una discusión por repetirle que los dos libros eran iguales, así que me dispuse a leer el segundo libro pensando que descubriría nuevas cosas dándole una segunda lectura al mismo cuento. Al llegar a la página 18 me dí cuenta que el libro terminaba ahí, y que las páginas restantes estaban en blanco; estaban numeradas, pero no había ninguna palabra impresa en ellas, y no era si no hasta la penúltima página dónde volvía a haber algo impreso, que eran los autores del libro. Me dirigí a donde estaba el viejo y esperé un momento a que se fuera un cliente que compraba algunos libros y le dije:
-Este libro está defectuoso.
-El defectuoso eres tú- me contestó con una mirada irónica.
-No imprimieron dos tercios del cuento- dije un poco ofuscado.
-¿Ya ves que no son iguales los dos libros? Ahora quiero que seas más perceptivo y observes cuál es la segunda cosa en la que son diferentes.
Convencido de que lo que me había dicho anteriormente era verdad, sólo fruncí el entrecejo y comencé a buscar la segunda diferencia, me di cuenta que los autores del segundo libro eran menos. Fui a la mesita a recoger el primer libro que había leído.
Busqué rápidamente el número de autores, y noté que faltaban los autores proporcionales al número de páginas que estaban en blanco.
-¿Cuál es el cuento que te gustaría regalar?- me dijo el viejo al verme indeciso -es obvio que no puedes regalarle los dos, ¿que caso tendría?
-Pues no sé exactamente que es lo que quisiera la persona a la que deseo regalárselo.
-Tendrás que decidir tú, es tu regalo, esa persona decidirá si le gusta o no el regalo.
Todo libro tiene su historia y su vivencia, aparentemente una historia escrita con final, sin magia, no tiene más allá, ¿será?. Un camino sin escribirse, son hojas vacías por vivir; de una u otra manera, aún así de distintas, el encanto y lo valioso de ambos está en el alma contenida en las páginas de esos libros, en su unicidad, grandeza y belleza, el contenido es vida, lo más importante y valioso el autor!!
ResponderEliminarEl contenido puede darle un matiz de finalidad o infinidad, puede darle un cause a la idea principal o puede dejar que alguien más lo invente, puede dejar las cosas en pausa o puede seguir la corriente. Lo valioso está en el alma del que se atreve a escribir...
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