Sonó el despertador e interrumpió mi sueño. Nunca había podido completar alguno. Que fastidio sólo poder imaginarme los finales de mis sueños, aún sin que sonara el despertador nunca los podía terminar. Siempre me he preguntado qué hay al final de ellos, si habrá algún resplandor, si algo bueno o malo me espera al llegar. Lo cierto es que todos mis sueños tenían que ver con volar, ya sea en avión, cayendo de un árbol gigante, siendo pájaro, yendo a la luna, etcétera, pero nunca en la vida mi sueño se completaba; no sabia si chocaba, dolía, reía, lloraba, o qué encontraba; no sabía nada de nada. Tomé mis cuadernos y me dirigí a la escuela imaginando el final de mi sueño. Al pasar por el patio, un balonazo en la espalda me despertó de mi ensueño, un montón de carcajadas sonaron en el jardín y yo solamente bajé la cabeza y seguí mi camino. Al llegar al salón donde tomaba clases de cálculo avanzado, el profesor estaba cerrando la puerta, no me percaté de eso y, cuando vi que la puerta se cerraba, la empujé para poder entrar y le di un golpe a él, hice que el café que traía en la mano se le cayera y quedara desparramado en el piso. Me disculpé y decidí no entrar a esa clase, no soporté la burla de los compañeros de esa clase y pensé en ir a la biblioteca a leer algo o conectarme a Internet. Cuando iba bajando las escaleras observé que una chica subía deprisa por el mismo lado que yo. Cuando la vi me imaginé todo lo que no me había imaginado con alguna mujer, parecía que había soñado con ella y estaba inventando los finales que nunca llegan. Estaba tan distraído que cuando reaccioné ella estaba a pocos centímetros de mí, y como no me había visto, chocamos. Los libros que cargaba salieron volando ya que los soltó para asirse del pasamano, además de soltar un grito que me aturdió bastante. Bajé, recogí el nuevo desorden algo avergonzado, sabía que ella me miraba mientras hacía esto y pensé que estaría molesta conmigo por ser tan descuidado, pero los dos estábamos igual de apenados por tal distracción, que ni siquiera nos miramos directamente cuando nos disculpamos. Cuando le di los libros que recogí pude alzar la mirada y preguntarle si se había lastimado, me dijo que no y, después de un silencio incómodo, sólo atiné a decirle si podía acompañarla al salón de clases al que iba, dijo que no, que sólo iba a decirle al profesor de cálculo avanzado, que era su padre, que lo esperaba en la entrada mientras terminaba su clase. Me disculpé nuevamente y fui directamente a la entrada, pensé que tal vez podría animarme a platicar con ella y pedirle su número de teléfono o cuando menos saber su nombre, pero no se apareció tras veinte minutos de esperarla, así que volví a mi plan original de ir a la biblioteca. Cuando llegué ahí la vi estudiando en una mesa, y creí que todo lo que había imaginado era tan cursi y patético que me avergoncé conmigo mismo y me senté lo más lejos posible de ella. Tomé un libro que estaba sobre la mesa para comenzar a leer y ni siquiera vi el título, sólo me percaté que tenía un amanecer en la portada. Después de una hora de lectura continua, cuando ya había leído una tercera parte del libro, la chica del accidente interrumpió mi lectura y preguntó si podía sentarse conmigo, dije que si y fingí reanudar mi lectura hasta que ella comenzó a platicar conmigo, nos reímos del accidente y decidimos sentarnos afuera de la biblioteca para continuar nuestra plática, ya que la bibliotecaria se acercó para comentarnos que el reglamento decía que guardáramos silencio dentro de ese espacio para no perturbar a los lectores, que en realidad éramos sólo nosotros, porque no había una sola persona leyendo en las pocas mesas que existían para tal acto, al contrario que en el espacio reservado como sala de computación que estaba repleto. No supe cuanto tiempo estuvimos conversando y nos despedimos cuando su papá llegó por ella, le dijo que estaba listo para irse a casa y se marchó. No me dio su nombre, ni siquiera nos presentamos, mucho menos le pedí su número de teléfono o su cuenta de correo electrónico, pero me dijo que nos veíamos pronto por ahí, ya que ella frecuentaba la universidad porque esperaba a su papá todos los días para irse a su casa. Me pareció raro que nunca me hubiera fijado que ella se aparecía por la escuela de vez en cuando, quizá estar soñando despierto todos los días en busca de finales para mis sueños no me dejó percatarme de muchas cosas que existían realmente.
Me dormí tarde, después de un día diferente y de pensar en lo que me había sucedido, apagué las luces con la misma esperanza que tenía al dormirme de que se concluyeran mis sueños.
Sonó el despertador, cuando lo hizo yo ya estaba despierto, y por primera vez mi sueño había llegado a su fin, o cuando menos a algún punto o alguna respuesta. Esta noche no me soñé viajando al espacio, tampoco me puse alas de cartón y salté de un árbol, no hice nada que tuviera que ver con vuelos. Soñé que caminaba tranquilamente por un campo sembrado con manzanos, y que dentro de ese campo me encontraba con la chica bonita que conocí en la universidad, ella me abrazó, me dio un beso en la mejilla y me tomó de la manó para caminar juntos hacía el horizonte. Quizá el sueño pudiera continuar, pero por el momento no quería dejar ese destino al que había llegado.
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