Eran dos escenas diferentes las que apreciaba de un mismo suceso. El antes y el después.
Me pareció revivir por un momento aquel sentimiento que inundaba mi realidad y que de pronto se esfumó. En aquellos días ese cuerpo y esa idea eran tan apreciados, tan cuidados y tan difíciles de olvidar que creía que eran parte de mí. ¿Era sólo una idea? Me lo repetía constantemente y no quería saber la respuesta porque destruiría todo mi porvenir. Esas tardes y noches pensando en ella, esos días inevitables que construía para vivir por un instante se esparcieron en pedazos y jamás se volvieron a unir. Era solamente una acto el que nos separaba de ser nosotros para ser tú y yo, ya no existían esos ojos en mi mente con la misma intensidad que existían en el antes.
Me encontré contigo, no por casualidad. Lo métodos actuales de acercamiento son tan simples, un sencillo enviar o un llano call es una manera tan válida de pensar en alguien y convocarlo. Basta con tener un número, tú número. La cobardía se ha simplificado en apretar o no apretar un botón, y tú fuiste valiente. Curiosidad, morbo, melancolía, arrepentimiento o accidente el motivo de esa valentía. Tal vez. Pero el tiempo de espera había claudicado. Decenas de noches esperando, un par de días soñando. No se puede poner en pausa una vida como una canción. No se debe poner en pausa una vida por una pasión. Y seguí. No te puse en un baúl, ni te destruí, solamente seguí. De alguna manera detuve esa pasión, o quizás de muchas maneras. Fue un stop inconsciente; trabajo, vida social, juego, diversión, aventuras y otros desamores. De pronto tu voz del otro lado del auricular. Tu voz que antes era melódica se tornó en un sonido seco, sin sentido y sin ninguna visión futurista. Los perdones y los olvidos no valieron para nada, no cambiaron ni movieron nada de lo que en este momento hay para mí. Entonces, ¿qué ideas intercambiamos? ¿Cuál el motivo de seguir charlando?
Me encontré contigo, por casualidad. Las calles son tan pequeñas en este mundo que un reencuentro es totalmente creíble. Un “¿cómo estás?” para terminar en “¿qué hacemos?” era ineludible. La curiosidad nos arrastra. Y los motivos para lo que haríamos cambiaron totalmente. Ahora era yo el que ponía los límites, las reglas y la dirección a la que iríamos. Lamentablemente ya no había nada que remediar, era solamente un cuerpo sin idea con lo que me reencontraría, y, en el peor de los casos, ni siquiera con un cuerpo. No existían ya, esas noches en las que pensaba en ti, en tu piel, en tus besos. Qué podría guardar de ti si un acto puede bloquear esos deseos, si un deseo puede cambiar por otro. Ya no temía perderte ni encontrarte, ya no deseaba quererte ni odiarte. Y todo por una acción. No pude menos que creer que tal vez era sólo una idea de ti, de mí, de nosotros, del antes y del después la que nos mueve constantemente. Una simple idea cambiante por cada acción que realizamos. Pero no estaba seguro, y no quería estar seguro de esa realidad inminente. Tendría que haber algo más, algo que mueve cada uno de nuestros pasos, de nuestras acciones. Quizás esa era la curiosidad de estar contigo, de saborear tus labios y de entrar en ti. Pero, ¿qué ganaría con saberlo? ¿Cómo influiría en mí ese saber?
Me encontré contigo. Y te vi como si hubiera sido ayer, tan frescos los dos como si nada hubiera pasado. Charlamos de nada, de cosas que ya sabíamos pero tratando de crear el preámbulo perfecto para un encuentro sin asperezas. Mientras hablabas vi tus ojos y tus labios, y me esforcé tanto para verlos como si hubiera sido ayer, como si nada hubiera pasado. Pero no pude. El deseo ya no estaba. Sólo existía el instinto, tú ahí, yo ahí; todo para tratar de volver a ser nosotros a marchas forzadas. Luché para desear, para que el sentimiento de antes regresara. Pero no pude engañarme, no había nadie conmigo en ese momento, ni tú, ni yo. No existía nadie ahí, sólo un fantasma. Sólo un recuerdo del paso fugaz de una idea, y temí. No quise entrar en este mundo, no quería saber la fragilidad de nuestra existencia, de la tuya y de la mía. Una idea cambiante, un deseo cambiante. No me dijiste que no, ni tampoco que sí, aun así eso no hubiera importado por que ya no había casualidad. Todas las cosas que hicimos, que hiciste, se transformaron en esta realidad que quisiera ignorar. Y ahora, ¿cómo hacer para ocultar todo esto? ¿Alguna vez exististe tú?
Y después…
lunes, 27 de diciembre de 2010
domingo, 19 de diciembre de 2010
Dejar atrás
Mientras pensaba me interrumpiste,
no con un grito, ni con una súplica,
no con una pregunta, ni con una opinión.
Te presentaste cuando pensaba,
no con un cuerpo, ni con una idea,
no con una caricia, ni con un argumento .
Estaba pensando y te apareciste,
no con un recuerdo, ni con un porvenir,
no con una ilusión, ni con una nostalgia.
Pensaba. ¡Y qué importa si interrumpiste,
si te presentaste o te apareciste!
Por que llegaste con un sentimiento,
y dejé de pensar para sentir contigo.
no con un grito, ni con una súplica,
no con una pregunta, ni con una opinión.
Te presentaste cuando pensaba,
no con un cuerpo, ni con una idea,
no con una caricia, ni con un argumento .
Estaba pensando y te apareciste,
no con un recuerdo, ni con un porvenir,
no con una ilusión, ni con una nostalgia.
Pensaba. ¡Y qué importa si interrumpiste,
si te presentaste o te apareciste!
Por que llegaste con un sentimiento,
y dejé de pensar para sentir contigo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)