Quise ser indiferente contigo, crear una barrera que obstaculizara mis sentimientos hacia ti, y que ellos se consumieran o se convirtieran en otro sentimiento. Jamás pensé en tu presencia como algo efímero ni superficial, pero tampoco en algo tan profundo ni real.
No pude describirte ni saber qué eras para mí cuando me dijiste -Eso que sientes, defínemelo-. Ese día, cuando te fuiste, no pude dormir tratando de darle las palabras adecuadas a lo que me preguntaste, pero, ¿qué iba a definir cuando ni siquiera sabía cuál era el concepto? ¿Cariño? ¿Ternura? ¿Amor?
Traté sin embargo de darle respuesta a tu pregunta, buscando referencias, leyendo sin parar enciclopedias y libros que no me decían lo que quería saber con exactitud. No supe.
-No, no puedo definirte lo que siento, ¿Qué tal que mañana cambie?- te dije, y agregaste -entonces no sientes nada, no podemos estar juntos si ni siquiera sabes qué es lo que te une a mí-, no supe qué decirte de nuevo. Me pareció como un berrinche de niños eso que estabas haciendo a tus 30 años de edad, con un trabajo fijo de oficina, y con tres tarjetas de crédito que te buscaste para tenerlas de adorno en tu cartera; Y lo terminaste. Tan fácil que era haberme dicho ya no quiero que me beses ni que me acaricies ni que me hagas el amor, quiero con otro. Todo ese revoltijo de preguntas tontas y discusiones largas se hubiera evitado con esas mágicas palabras. Obviamente te hubiera mentado la madre en voz alta, no en mi mente como ahora, pero ese tiempo que perdimos lo hubiera podido dedicar posteriormente a embriagarme con mis amigos mientras les hablaba de ti despectivamente, haciéndote ver peor de lo que eras y mejor de lo que ellos creen.
Te fuiste. Solamente puedo pensar que lo que pasó fue una aventura, y que eres una piruja más disfrazada de ternura, de esas que no te cobran con dinero pero te cobran con dignidad. Llévatela, mi dignidad no es nada a un lado de mis otras pirujas, ellas no se fijan en eso.
Pero ellas para mí no existen, no las deseo, no las necesito. Te necesito a ti, te deseo a ti. Y para mí ese conflicto que causas en mi maldito cerebro analizador hace que tú y yo existamos. ¡Eso es! Esa es la definición, eso es lo que buscaba. Todo lo que nos es imposible al principio, se vuelve prioridad.
¿Y si mañana ya no te necesito ni deseo?
